El presente artículo reflexiona sobre la enseñanza de la música popular del Caribe en la educación superior y propone un enfoque complejo que articula sus dimensiones culturales, sociales y estéticas. Se parte de la idea de que estas tradiciones musicales encarnan un pensamiento propio, sustentado en la oralidad, el sincretismo, la improvisación y la corporalidad. Estas categorías permiten comprender la creación musical como forma de conocimiento y experiencia sensible. El estudio señala la necesidad de replantear los modelos universitarios dominados por paradigmas eurocéntricos, que han relegado los saberes populares y las prácticas orales a posiciones marginales dentro del currículo musical. A partir de referentes teóricos como Bajtín (1987), Freud (1990), Lévi-Strauss (1964), Lacan (1977) y Morin (1990, 2005), así como de aportes etnomusicológicos (Manuel et al., 2009; Quintero-Rivera, 1998; Orovio, 1992), se analiza la música caribeña como un dispositivo epistemológico y pedagógico capaz de transformar los modos de enseñar y aprender. La pregunta que orienta la reflexión indaga cómo la enseñanza universitaria puede reconocer la complejidad epistemológica del Caribe y traducirla en estrategias pedagógicas pertinentes. Se concluye que la incorporación de estos repertorios en la formación superior favorece el pensamiento crítico, la creatividad, la memoria cultural y el reconocimiento de la diversidad, con lo que se facilita la consolidación de una pedagogía del mestizaje y la complejidad.
Palabras clave:
música popular del Caribe; educación superior; pensamiento complejo; sincretismo; currículo universitario; enseñanza universitaria; reflexión pedagógica